Sientese y tomese un vasito de agua de horchata, en lo de mientras que anochece...

Wednesday, July 27, 2005

El oficio de martir no es, que digamos, demasiado complicado: uno se deja -con simpleza y algo de maniqueismo- azotar, rasgar, encarcelar y crucificar, sobre todo esto ultimo, para beneplacito de una concurrencia dada al cinico placer de saberse frente a un santo en plena faena de resistencia fisica. Se deja el martir llevar: no lucha, sino que ofrece su carne para el tormento; no es, entonces, una fuerza activa tanto como pasiva: se deja hacer. Es probable que el martir se sepa, de antemano, absuelto por la historia -ya esto se aprecia con F. Castro, ("¡La historia me absolvera!"), uno de los mas infames y grotescos martires paridos por el mundo, posteriormente mutado como paso natural a victimario de toda una nacion. El martir lo tiene todo resuelto: fama, gloria, y si es cristiano, hasta las puertas mismas del paraiso. ¿Que arriegas entonces el martir a la hora del martiro? Nada, mas que unas horas de dolor corporal colgando de dos maderos; pero, ¿y ese dolor, que significa si al tercer dia el martir resucitara para alcanzar el cielo? Parece una broma grotesca. El martir es un cobarde. En cambio, hay quien tiene la voluntad -enorme- de no dejarse hacer por la historia, sino de hacer historia: hay quien se atreve a levantar el mazo y clavar, y sin embargo este humildemente se sabe una herramienta, un medio que sirve para darle seguimiento a la trama ya fraguada desde los principios del tiempo. La historia no suele ser benevola para con quien asi actua.

Thursday, July 21, 2005

Ah, claro: ¿como olvidarnos de los clientes manitas de estomago?, capaces de mallugar un libro hasta lo invendible en menos de diez minutos.

Ver arder a la Gandhi, ¡que delicia de solo imaginarlo! Tantas paginas leidas de corrido por las llamas, para despues, puf, nada de precios exhorbitantes; solamente viento esparciendo las cenizas sobre la ciudad: que neven libros carbonizados: que se fertilicen los jardines: que las plantas se enseñen a cantar versos de Arnaut Daniel. Tanta felicidad, señor, tanta: y solo elaborada de pura imaginacion.

Wednesday, July 20, 2005

Cabe grande la posibilidad de ir uno por el camino errado, el torcido, por el que quiza -segun algunos dicen- nunca llegaremos a ninguna parte; pero siempre andar un camino, inequivocamente, conduce a otro lugar distinto del cual partimos, sea cual fuera este, y sin importar si nuestro destino no es el que teniamos planeado desde antes de andar. Tambien, y esto nuevamente es un quiza, ningun camino sea por antonomasia el correcto, sino que cada quien va enderezando el propio segun conveniencias y premonitorios latidos: por aqui o por alla; dejo esto por aquello, que ya despues sera buen tiempo para remordimientos. Hoy fue dia de autoflagelacion, hasta que alguien -y cabe considerar a alguien de mi familia- me hizo comprender: somos tan libres como nos dejemos a nosotros mismos serlo. Bueno, soy libre entonces para recriminarme mis propios malos pasos, pense al instante. Ya no. Decido mejor caminar de espaldas hacia atras, y con los ojos vendados: sin ver lo de adelante ni lo de atras, simplemente escuchando cada uno de mis pasos, oliendo el perfume de la lluvia reciente que ha encharcado todo el camino.

Tuesday, July 19, 2005

Que bonito es dejar que la lluvia te moje y ver como los demas, deserticos, esconden sus ganas detras de una ventana.

Hoy ando en caceria de dos: Enrique Molina y Eugenio Montejo, el primero mas escurridizo que el segundo, puesto que como buen surrealista, sabe bien como hacerse nube de azufre y darte a cambio de su poesia reportes y reportes de descatalogadas ediciones. En todo caso, ya no vale rendirse: sera menester armarme con redes confeccionadas especialmente para cazar gaviotas mancas.

Monday, July 18, 2005

Hay las veces en que mi pareja y yo nos prometemos que no pasara con nosotros lo que a otros: que lo que mutuamente sentimos no se derrumbara, que no nos consumiremos entre sabanas para despues levantar el rostro y no reconocer el rostro de quien junto yace reposando el cuerpo. Nos prometemos inmensidades, que no son iguales a las que otros amantes se prometen pero si forman parte de la materia prima de los sueños. Hemos dicho: quiero envejecer contigo, y no es dificil imaginar pasando sus ultimos dias a una pareja en su casa frente a una playa de veracruz, de la mano, sentados en una banca y rememorando los pasos que les llevaron a otras latitudes y lenguas. Yo quiero pisar las Azores: a ella, a mi niña, le gustaria visitar Italia, quiza Florencia. ¿Lo haremos? ¿Llegaremos hasta esos lugares, pero juntos? Nadie puede saberlo por cierto: de lo que podemos echar mano es de las buenas intenciones. Pero de buenas intenciones esta pavimentado el infierno -si, porque alla abajo tambien se modernizan. Cuando nos enteramos del quebranto de una pareja cercana a nosotros, callamos y despues platicamos: ¿asi seremos nosotros, dentro de algun tiempo? Desconocidos que habitan bajo un mismo techo. Yo le digo que nunca llegaremos mutuamente a conocernos, porque a cada dia yo por lo menos me levanto desconociendo por completo a mi F., y al final del dia creo comprender porque la gente se mata y hace arte y llora cuando mira hojas barridas por el viento: yo lo haria por ella. No lo ultimo, porque para algunos ver hojas al viento es una metafora de todo lo bueno que han tenido en la vida y dejaron ir. Yo no la quiero dejar ir. Aunque si ella quisiera... Y aunque hay dias que... Dice Lucero, Hay millones mejor que tu... Millones y millones capaces de ofrecerle mucho mas a F. de lo que yo puedo tan siquiera aspirar a alcanzar. Cae el telon. Nos prometemos querernos, y quiza cuando lo decimos mencionar el tiempo es algo superfluo. Simplemente hoy nos queremos. Han sido un par de veces las que nuestro feudo, el de ella y mio, se ha venido a escombros bajo el peso de otros y de nuestra propia tension diaria. Treinta dias sin casi vernos, visitando otros paganos altares. Yo no se que tanto sea de bueno que, rindiendo el orgullo, juntos hemos ido reconstruyendo nuestra torre una y otra vez, lentamente y con cariño. Es inevitable que vuelva, mañana o pasado, a derrumbarse. Siempre queda cerca la posibilidad de que a uno lo expulsen del Eden. En todo caso, mucho se dira de las palabras y promesas que F. y yo mutuamente nos tejemos: que son vanas, ilusorias, vacias. ¿Pero que no todo esto que pisamos pudiera ser solo ilusion? ¿Que no nos amamanta la vida con ilusiones? Yo, y esto lo creo sinceramente, quiero seguir viviendo junto a la felicidad.

Y se puede muy bien comprender la existencia del universo, si desde el principio del todo se tenia contemplado que alguien, algun dia, compondria e interpretaria -en el Luna Park, frente a miles de miradas extaticas- el Libertango.

Sunday, July 17, 2005

Dice Amelita Baltar con fondo de bandoneon piazzoliano: renacere de las frutas de un mercado con laburo, y de la mugre serena de un romantico cafe.

A los pajaros alguien les abrio la puerta de la jaula. De adentro lo veian todo en nada, esto y esto y esto y nada mas esto y nada mas. Aun con la puerta de par en par abierta, los pajaros no se animaron a escapar. Para ellos salir de su jaula era huir de su particular libertad conocida entre treinta y seis barrotes, que conocian desde siempre. ¿Para que darle la espalda a lo seguro? Si un universo -incluyendo sus millones de estrellas y supernovas en implosion- puede bien tener cabida a la mitad de un cuarto, a la mitad de una jaula; esto no lo creian los pajaros: ellos simplemente se negaron a volar lejos. Lo pienso yo ahora, rascando en busca de consuelo.

Hay gente alla en sur que para cenar con alguien se viste con su vestido de hoyvoyatenersuerte. Suerte el otro, no ella. Suertudo es un axioma preciso y correcto para aquellos que van a hacer la digestion cogiendo. Coger en pleno paraiso sureño. Yo, no: hoy mi señora se pasea por las costas de ixtapa: hoy me visto con playera gris de soyafortunadoporquenadiemepisoeldedoinfectadohoy. En fin, dijera Margarita: y yo que te deseo a morir.

(en el piso o donde sea, y tomame).

La bilirrubina: no encuentra uno ni donde se la pegue nadie.

Nada mas reconfortante que ver a una niña pelando una mandarina; la cria riendo como si se dedicara ella sola a pelar el sol de mediodia.

¿Alguien conoce a Rumi? Me han dicho que cuando ves al sol girando sobre de ti como dervishe intoxicado de divinidad, ahi, cayendo sobre de ti como cascada, esta Rumi. (Lastima que los ultimos dias hayan sido de lluvia y nubes cubriendo la vista).

Ayer conoci a una persona que, por afuera, me parecio poco menos que normal: despues de la copula, como quien no quiere la cosa, intento explicarme de las razones mudas que le brotaron de las manos para matar a su ex novio: duraron juntos ocho años: ella fue quien lo dejo a el. Esta noche la entiendo: el dedo gordo de mi pie derecho me palpita, infectado por culpa de una uña enterrada: que liberador seria si me amputara sin mas, de un solo y quirurgico golpe con cuchillo de carnicero. Tambien ya la considero a ella completa y deliberadamente equilibrada: normal, como cualquiera: como tu o yo.

Saturday, July 16, 2005

Caminar en las arenas de la vida real, mas que doloroso, cansa; asi me dijo mi señora en voz baja, como si se excusara ella misma a si misma de que yo le lavara en ese momento los pies con tibia agua de manzanilla y un trozo de lino.

Y, ¿quien lo hubiera pensado?, no solo el pincel de Turner supo de borrascosas aguas, sino tambien de algodonados caminos de campiñas inglesas.

De los cuatro tipos de clientes que uno atendera cuando labore para la libreria Gandhi

El cliente tipo A:

amable hasta deshacerse en halagos por un trabajo que, siendo sinceros, no se desempeña con excesivo celo ni emocion. Sabe lo que busca; la mayoria de las veces conoce titulo y autor del libro que quiere comprar. Comprende cuando se le dice que ya no hay existencias del titulo por el que pregunta. Tiene paciencia biblica -bien pudiera esperar cuarenta dias, encerrado en un inmundo bote rodeado de muchos mexicanos, a que el diluvio amaine. Posee un grato y fino sentido del humor. Se toma la molestia de leer tu gafete y llamarte por tu nombre, ahorrante los "hey, niño", "muchacho", "oye, tu", tan frecuentes en bocas de clientes de mas diluida clase.

Los cliente del tipo A te hacen pensar que vale la pena trabajar ocho horas a cambio de ochenta pesos diarios.

El cliente tipo B:

duro. Sabe lo que quiere, pero le gusta verte desquitar el salario que la libreria cada quincena te paga -lo cual tampoco significa que uno se vaya a esmerar en atender con presteza a un cliente tipo B, puesto que: 1) tienen que comprender, uno no puede andar detras del mismo cliente dos horas y media, puesto que mas personas solicitan de nuestro servicio a la vez 2) ya Selena -la pobrecita- lo dijo: carcacha, paso a pasito, no nos vayas a dejar. Por lo general, hojean los libros, pero al final compraran tan siquiera uno (que es mucho mas de lo que se puede decir de los clientes C y D). Pueden llegar a ser, en determinados casos, autosuficentes: Tomelo de aqui, El libro que usted busca lo encuentra en aquella pila,Llimpiese el culo usted mismo, por favor, que yo en este momento estoy ocupado tragando mucha mierda de otros clientes. No replican. No exigen como si fueran los dueños de la libreria. Se saben a nuestra merced, la de los vendedores, y nos tratan con reciproca y fria amabilidad. Procuran no tardar mas de quince minutos hurgando en el area de "arte", que es la mia, ya sea bien porque los tantos e imponentes pinceles que la historia ha tenido a bien parir se aglomeran en nuestros estantes (y eso los intimida), o porque les aburre hojear libros para la crianza de scotch terriers y yeguas.

Practicamente los clientes B son los que pagan nuestros cheques cada quincena, ya que son los mas de ordinario.

El cliente tipo C (o tambien denominado, Q):

huir de tales como de la misma plaga negra. No saben, como muchos de nosotros, lo que quieren en la vida, y tal estado del ser lo somatizan en cada ocasion que van a una libreria a "comprar un libro":

- ¿Le puedo ayudar en algo?
- Si, estoy buscando un libro.
- Aja.
- Es uno naranja, cuadrado, que no me acuerdo de que trataba; pero recuerdo que lo tenian exactamente aqui (señala una mesa de exhibicion) cuando lo vi.
- ¿Y hace cuanto lo vio?
- Sera cosa de menos de un año.
- Aja.

Primeramente: lo mas probable es que dicho libro nunca existiera, y el cliente lo confunda con el paquete de pure de tomate que olvido comprar en su ultima visita al supermercado. En segunda: los libros se rotan casi semanalmente de las mesas de exhibicion, y si consideramos que un año se compone de cincuenta y dos semana, señor cliente, saque usted la cuenta de cuantos libros han pasado por esta mesa que usted me señala. Tercero: llevo tres semanas aqui, asi que no tengo ni reputa idea de que libro es el que usted quiere -esto siempre y cuando estemos dispuesto a saltarnos el primer punto y le concedamos al cliente la posibilidad de que tal volumen por el que pregunta en verdad exista.

Son como roedores: se meten en lo mas abismal de los estantes y rescatan libros que ni siquiera el jefe de seccion sabia que teniamos en existencia. Por lo general, se indignan cuando un libro ya no lo tenemos, o cuando el precio es un insulto de tan elevado: en ambos casos, uno debe pensar en todo lo mucho y bello que hay en el mundo, y tarde que temprano el cliente quejumbroso se cansara, claudicara e irase a enchinchar a otra parte. Suelen tambien pedir que les mostremos pilas de libros: por lo regular, no compraran ninguno. Cinco minutos de retraso cuando buscamos un libro requerido significa para ellos la hecatombe del dia. Gritan. Mandan. Son como niños, solo que peor: niños maleducados que poseen tarjeta de credito y solo por ello se creen con autoridad para ningunearte durante tu trabajo, manque ellos por su parte, a final de cuentas, no compren ni un solo pedazo de papel -que en Gandhi los tenemos desde cinco pesos, osease, para todos los bolsillos.

A un cliente C yo lo comparo, justamente, con un grano brotado en pleno gluteo.

El cliente tipo D (tambien denominado QQ):

como lo indica su segundo nombre, estos clientes estan orates y son cuantimas peligrosos. Uno los puede esperar desde los exasperantes ("busco un libro para criar cuyos, y no me voy a ir de aqui hasta que me consigan uno") hasta los abiertamente groseros ("te pagan para que me atiendas en lo yo quiera"), sin olvidar a los mentirosos ("ayer hable y me dijeron que si tenian el libro que busco"). Aja, seguro señor: y tambien su esposa juega canasta cada viernes a eso de las dos de la mañana con sus amigas, ¿verdad? Aunque el rango de los clientes D es amplisimo, uno los puede reconocer facilmente por un rasgo en comun: a cada paso quieren hablar con el gerente. Que si no esta el libro que quieren. Que si esta maltratado el libro. Que si no ponemos "mucho entusiasmo" en nuestro trabajo los vendedores. Como explicarle, señor, que LA gerente (si, porque es mujer) casi nunca esta, y cuando esta y vamos a molestarla con tales nimiedades nos manda de iimediato a tomar por culo. ¿Por el precio de los libros? No, por eso casi nunca se manda llamar al gerente: mejor se deciden a desquitarse con el venderdor que les atiende, como si uno fuera el dueño de la tienda. No, no puedo hacer nada por un conseguirle un descuento especial. No, la libreria no hara una excepcion con usted. No, usted no me agrada en lo absoluto. Te ignoran cuando les preguntas si necesitan a ayuda -lo cual desencadena un monologo por parte del vendedor:¿necesitaayuda?nomuchasgraciassoloveopuesloquenecesiteaquiestamosgraciasgraciasauested. Desacomodan todo. Solicitan fotocopias. Quieren cafe -y gratis. Llegan con una radio y se sientan horas a eschucharla en mitad del piso de venta. Hacen pilas de libros -dequimicaliteraturaysadomaso- y asi, tan campantes, se van sin ni siquiera haber comprado nada de nada, dejandonos el paquete de reseccionar cada volumen. Gritan alto. Exigen como recien nacidos. Escupen cuando hablan. Facilmente se encolerizan.

Con cliente D, uno se sabe rozando los linderos del purgatorio.